Cuando Ligia lee a Gallard. Alejandro Leibowich




"Music is your own experience, your own thoughts, your wisdom. If you don't live it, it won't come out your horn. They teach you there's a boundary line to music. But, man, there's no boundary line to art."

Charlie Parker


Alejandro Leibowich


En esa mañana había más niebla que de costumbre, y no por costumbre ni por niebla. Tampoco por asfalto, y se hablaba de un “estado de sitio”. Pero no por lo difuso del aire en sí es que lo digo. Realmente la vista era lo que parecía nublarse, y delante de las retinas, no lo que nos rodeaba. ¿O sería al revés? De todos modos había que cruzar la calle 1. Los Rollers Krauser estaban hablando en la esquina. Se me ocurrió contar los pasos sobre el asfalto, el semáforo había cambiado la luz. Estaba seguro, y la alemana y su amiga con nombre de cine derruido bajaban de un auto demasiado transigido, vencido por el tiempo. Verónica miró y se atrevió a gritar, cosa muy rara en ella. Siempre tan recatada, simuladamente apagada y con las mejores notas. Bueno, de todos modos yo debía ser el peor alumno. Pero en algo hay que destacar. Arcos, su amiga, recorría caminos que no existían perdiéndose en el verde del Colegio Nacional de La Plata. 
-Te noto muy agitado, seguro venís de las clases de lengua allá por 7.
La miré. Mirar a Verónica era Verónica a mirar. Realmente las pecas la habían invadido, y le quedaban cada vez mejor, sobretodo si se sonrojaba. El contraste le quedaba bien. El ventrílocuo con nombre de gaseosa importada se la pasaba hablando de técnicas de Kung Fu. En eso me agarró pasando la primer puerta de entrada. Me ofrecía dos shuriken y unos nunchakus que él mismo fabricaba en un taller informal que había montado en su casa. El perro andaba suelto y la señora de la limpieza no encontraba con qué barrer o secar. Yo ya había hablado con Nosppia y Rivadavia que estaban involucrados en una especie de clan que practicaba ninjutsu. Cual pitagóricos, se guardaban todas las fórmulas, saludaban de una manera que sólo ellos entendían. Y la verdad me parecía que el misterio era en realidad un cúmulo de nadas, una especie ego de vanguardia humeante. Pero tenía una función, se auto justifican. Incluso se auto justifican hasta el respirar, que no es poco. Ya su vida tenía sentido. Nunca entendí la palabra sentido. 
Al pasto lo cortaban todas las mañanas, la bandera estaba a media asta, como en un duelo indeciso y desconocido. Había una bandera argentina, que parecía un trapo sucio y descolorido. Lo cual en cierta forma me irritaba al comienzo. Luego me acostumbré a la mediocridad que circulaba con los volantes proselitistas de la zona. Es lo que hay… Y yo detesto lo que se dice para no pensar, como reflejo automático “y la vida continúa”. Auto Justificar lo injustificable, es una forma de lamento a media asta, a media risa, a medio país. A medias, estábamos.


Ligia estaba leyendo por segunda vez unos apartados de Las mil y una noches. Los había podido conseguir casi regalados en la última feria del libro. La editorial no la conocía nadie, pero no resultaban apócrifos. Se estiraba en un sofá de ese departamento alquilado. Bostezaba y decía que la fórmula de Cortázar usada en “Queremos tanto a Glenda” alguna vez la iban a aplicar con ella. Incluso yo, que tal vez iba a ser el primero. Un organizador internacional que por medio de una aplicada memoria infinita la volvería mito. “De todos modos ya no voy a ser yo, voy a ser mito, y un mito es nadie”. A la gente le gusta alimentarse de nadies. Suele ser una dieta social muy aplicada.
-Y vas a buscar a los coleccionistas, ahora digitales, pero vas a hacer desaparecer toda prueba de mi decadencia. Vas a hacer que me vuelva eterna. No como la Amada Eterna de Macedonio, no vas a derretir cucharitas. Vas a inmolarte por mí, de todos modos ¿a mí qué me importa?


Habría que ver si ya se hicieron las 8.15 hs. A esa hora por lo más intraterreno del edificio, pasaba otras personas, por ejemplo la profesora de inglés. Oriel Briant tenía un séquito de fans. Y nadie se quería perder sus clases. En realidad parecía una alumna más. Las edades se confundían. Bueno, con el tiempo todo se confunde, se vuelve plano y gira, como un viejo disco de vinilo diría Lopérfido. 
Su hijo para reyes había pedido de común acuerdo un camión a control remoto que venía de Hong Kong. Había enloquecido a Lopérfido, porque lo quería sí o sí. Él ya se imaginaba los golpes en la casa, la esposa en la cocina, que se escuchaba, pero no se veía. “Decime si lo vas a cambiar, porque después los reyes se enojan”. Su hijo imaginaba a los reyes como una gran burocracia expendedora de regalos internacionales. Y en cierta forma no estaba imaginando.


-Lo que pasa es que vos idealizás a todas las mujeres, hasta parecés Richard Wagner. Todas sus heroínas parecen su madre. 


Ligia había tenido un pasado con algo de tenis e inconstancia en la Facultad de Derecho de Rosario. La UNR en esa época era un fantasma de hormigón. 
Los Roller Krauser se habían dispersado, pintaban graffitis en la pared de día. Usaban varios colores para que nos distingan. Nadie les decía nada, y encima azoraba un clima de “estado de sitio”. Uno empezó a romper botellas y por diversión gritaba, “aquí estoy yo” pero no decía eso, aunque decía eso, recitaba algún manifiesto punk y daba lástima. “Porque somos como las flores que crecen en los tachos de basura”. Uno intentó acercarse a Nosppia. Lo miró mal, desafiante, “te voy a matar” decía y no decía. Nosppia pensaba en que le debía plata a Arcos. Y estaba en otra cosa, hasta que recibió un codazo “accidental”.
-¿Cuál es el problema, amigo?
-Me gusta tu campera, ¿es importada?
-No, las hace la madre de un amigo mío, y las vende al por mayor…
-Me gusta, sacátela y dámela.


El rey Sahrayar, resultaba un rey justo al que sus súbditos apreciaban. Tenía un hermano que era rey en un pequeño país y un día regresó en improviso a su casa y descubrió a su esposa con un esclavo teniendo relaciones. Su decisión fue usar un arma blanca de manera limpia y rápida. Ambos quedaron ya sin vida sobre un charco compartido de sangre. “¿A qué recuerda la sangre? A lo trágico pero repetido. Es siempre igual aunque intente domesticar diferencias. La sangre tiene sabor a Tchaikovski”. 
-La tercera de la guitarra está baja y después del quinto casillero “miente”.
-Pero a mí qué me importa, yo soy sorda. Me da igual.
-Entonces al menos sacála de mi vista.
-No te entiendo, está muda, tanto como yo sorda.
-Sí, vos. Pero yo no estoy ciego.
Se volvió a sumergir en la discordia de las letras. 
Entonces fue a ver a su hermano, el rey Sahrayar, y estando ya en el salitre palaciego, desde la ventana con persiana, ve a la esposa de su hermano con otras veinte muchachas mientras son poseídas por veinte esclavos. Ahí comprendió que lo que le había ocurrido a él resultaba mucho menos grave que lo que le pasaba a su hermano. Recuperó la alegría, y finalmente se lo contó todo al rey Sahrayar.
-¡El mundo es muy estúpido, Obadiah de Galilea, bajate del monte Tabor, ya!
-¿De qué hablás, Ligia?
-Todo el mundo se conforma, porque siempre encuentran algo peor que los justifique. Peor esto, peor el otro. Y yo estoy contenta, estamos contentos. Hasta vos… Pero, por favor. -se palmeó los muslos y puso su mejor cara de tensión nerviosa y desafío en cóctel.  
-No deberías beber del vino de los sueños en la mañana. Largá lo bíblico, es mala uva.


Y como final abierto seremos nada.


-Te dije que me des la campera. Te voy a tener que romper la cara si no lo hacés. Pero sabés, me cansa pegar, así que apurate.
Nosppia tenía un lazo secreto con Arcos. Nada que ver con el dinero y su deuda. Ella se perdía en caminos que desconocía por ahí, por el Colegio. Lo que se desconoce claro que no existe. Pero se perdía.
-Yo la verdad me canso de ser bueno. Ser bueno, cansa.
-...


Sahrayar ordenó matar a todos los esclavos, las doncellas, y a su esposa. Los ojos de Ligia recorrían las palabras. Palabras las recorrían Ligia de ojos Los. Sus pupilas eran fuego y también hielo. Los dos hermanos partieron de viaje y en el camino encontraron un genio que se elevaba embebido en una columna de humo. Éste depositó un baúl, y dentro del mismo había una mujer que hizo que el genio se hunda en un profundo sueño. A continuación les pidió a los dos hermanos que tengan relaciones con ella. En caso de negarse, amenazaba con despertar al genio. Los hermanos se miraron. “¿un genio sería tan grave, Encontraría a Ligia?”. Los dos tuvieron sexo con ella, cada uno llevaba un anillo. Ella se los roba a ambos, y les dice que tiene uno por cada amante y ya van como quinientos anillos. Ella les recomienda que no le crean jamás a las mujeres. Y explica que esto lo hace sólo para vengarse del genio que la raptó.
Ligia tiró el libro.


En la cocina estaría la madre Lopérfido.
Hablaba sola, y miraba por la pequeña ventana que daba a la calle. Desde la altura que estaba ella, claro, su pequeña realidad secreta.
Tengo sombras, habito sombras, ni el té de las tres con mi amiga. El agua corría, la corriente es algo directo, continuo, sea líquida o eléctrica. El hijo de Lopérfido control remoto mediante hacía que su camión eléctrico circule por el piso de la sala. Los reyes, cualesquiera que fuesen se lo habían traído.


El ventrílocuo con nombre de gaseosa importada ahora pensaba que tal vez los camiones tenían pilotos verdaderos. Por venido el caso me explicaba, si bien parecen juguetes nuevos pueden tratarse de un auto demasiado transigido, vencido por el tiempo. Claro, claro, ¿a cuánto vendés esos dos shuriken?


Nosppia estaba inconsciente, tirado en el suelo. Ni idea de qué pasaba por su mente. Pero un Roller Krauser se estaba probando su campera y se alejaba silbando una canción de los Ramones.


Pasado el mediodía haraganear la tarde. Seguía habiendo más niebla que de costumbre, y no por costumbre ni por niebla. Tampoco por asfalto, y se hablaba de un “estado de sitio”. Pero no por lo difuso del aire en sí es que lo digo. Realmente la perspectiva era la que parecía nublarse, y detrás de las retinas, no lo nuestro interior. ¿O sería al revés?


Pero hay también textos en los que es la hermana de Sahrazad la que cuenta y ésta le apoya en el relato. Todo relato que se vuelve canónico pasa por un proceso anterior de transformaciones constantes. Debía entender eso. Al menos lo tendría que entender Ligia.


-Viste que es como con los locos. Está todo bien, hasta que decís una palabra y se salen de sus casillas. ¿Me entendés? 
Rivadavia fumaba 43/70 y tosía. Daba cátedra seis en elocuencia nicotínica y resultaba insuperable. 
-¿Ahora me toca hablar a mí? -dije y pregunté


En todo relato oral, el tono puede cambiar el efecto de lo que se dice. Lo escrito está un poco muerto. Lo oral, si bien es imperfecto, todavía vive. Y te lo digo de nuevo, como diría Lopérfido, el tiempo se vuelve plano, y gira, prensado como disco de vinilo. Con el tiempo todo se confunde.


El rey Sahrayar ordena que le traigan una virgen cada día, la desflora y la mata a continuación. Esto lo convierte de pronto en un asesino en serie. También hace entender que un monstruo puede nacer de lo justo. Nunca entendí realmente la palabra entender. Al principio del relato era un rey de equidad admirado por sus súbditos. Pero llega un momento en el que el visir ya no encuentra más vírgenes, y ahí aparece su hija Sahrazad que había leído mil libros en los que se contaban las historias de los reyes antiguos, de pueblos extinguidos, resultaba una mujer de cultura vastísima. Ella misma, termina ofreciéndose para ir con el rey. Pide únicamente que le acompañe su hermana para ayudarla. Después de tener relaciones con él le dice y a la vez sugiere: "¿No quiere que le cuente una historia extraordinaria y maravillosa?". El rey acepta y así empieza Las mil y una noches.


Nosppia vuelve en sí. Es increíble, pero estuvo todo ese tiempo tirado en la calle y nadie se acercó siquiera para ver si estaba vivo. 
Ligia empezó a abarquillar el labio inferior, como cuando se enojaba y mucho. Se quedó dormida.
Rivadavia está fumando.
Recordé la idea de un editor, que apropósito de las nuevas ediciones de ciertas obras de Faulkner, había sugerido que cada línea de pensamiento sea impresa con diferente color, con distinta tinta.


El alfil pudo ser también torre. Podía coactuar. Como sea, la reina, estaba a salvo ya sin peones. Y sí, hubo que hacer desaparecer algunas cosas ahora digitales. No resulta fácil un “estado de sitio”.






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