Reseña de "La Ciudad Que No Duerme" de Pablo Martínez Burkett. Alejandro Leibowich
Alejandro Leibowich
Se sabe que hay un sentido oscuro, oculto más allá que en la misma oscuridad. Incluso lo pueden percibir los gatos de Poe con sus bigotes de por medio, aunque su vista ya no lo distinga. Se suele crear un pasado humilde, en lo que sea, con la empresa a generar, porque misteriosamente este da certeza y prestigio en la atribulada mente del actual Zeitgeist humano.
Hilario tal vez escuchó esa llamada, para viajar, desde una nativa inocencia, desde una preservación ingenua, ¿quién puede saberlo? Porque alguien emprende algo, y, ¿siempre hay un mismo y elemental móvil? ¿Cuál es nuestra máscara al decir lo que decimos? ¿Al hacer lo que hacemos? ¿Es la de la sinceridad, la cordura, la vehemencia, la sencilla sensatez? ¿Qué se mueve entre esas hesitaciones?¿Cómo y qué es el dominio de uno mismo en todo este mundo que tal vez puede ser un sueño del que nunca despertaremos?
Una idea de pueblo templa el órden en la mente del autor de esta novela breve, libro objeto, con cuestiones multimediales, para guiarnos a quién sabe qué periplo. Acá hay una ciudad pequeña, como Justo Daract, con mentalidad de pueblo. En medio de “La pampa, la incomprensible pampa argentina, también podría ser el laberinto a donde perderse”. Y en un pueblo están los arquetipos esenciales en estado bruto: en la Municipalidad, la Iglesia, el bar, la Plaza, la Biblioteca, los Mercados, el Cementerio, y otros etc. Y ahí entre los “estereotipos” que lo habitan se balancea la tensión y el reposo, en esa suerte de teoría del iceberg de Hemingway. En dónde sólo se ve la superficie del mismo pero no la mayor parte de su estructura. Entre estas cuestiones se moverá Hilario: vendedores chinos, rivalidades, atentos chismosos, una bibliotecaria experta, y amiga, pero casi inmovil. Un cúmulo de ambiciones, colmillos, invocaciones, resucitaciones, presagios y laceraciones mentales, hechas tal vez por advenedizos monjes. Hay toda una tradición de literatura oral, que tiene creo yo el mismo o más arte que la escrita. Pero si esta no se capta, la misma se esfuma en el aire. Pablo Martínez Burkett, las cristaliza y nos ofrece la compañía de una novela breve, con giros geodinámicos a lo Umberto Eco. Y con ese tipo de gestualidad visual, la siempre interesante inmersión del mundo vampírico. Que va de épocas no del todo documentadas, a Byron y Stoker, y de ahí a la actualidad. En una forma narrativa de una temática que no se oxida. ¿Por algo será? La semántica, lo semiótico, la sangre, la eternidad, el ser apreciado, los amoríos, y los comunes valores que no reconocen diferencias geopolíticas en el mundo.
Conozco ya de la literatura de relatos de Burkett, además de este libro, “La ciudad que no duerme”, y claro en esta siempre hay rasgos y gestos que se reiteran. Los parajes aparentemente “bucólicos”. Lo intelectual y erudito emancipado en una engañosa “sencillez”, como en el caso de Stephen King. La reiteración técnica hace al narrador, al artista y a la vez artesano. De “Forjador de penumbras” a “Mariposas y difuntos”, Pablo no defrauda porque: “Uno no sabe lo que es una alucinación colectiva hasta que le toca atravesarla”. Y bien, estás advertido, al menos de mi parte, porque nada mejor que una muestra genuina de linaje en el género del terror. Los dejo con el libro, a ustedes en su lugar para completar, el mensaje del autor. Porque “La ciudad que no duerme” puede ser tu vigilia.
“La ciudad que no duerme”
2023
“Esta novela es el trabajo final para obtener el grado de Máster en Escritura Creativa por la Universidad de Salamanca. Fue dirigida por la Dra. Celia Corral Cañas a quién, montera en mano, va dedicada”
Pablo Martínez Burkett

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